miércoles, 22 de agosto de 2018

El CÁLAMO SUPREMO (AL-QALAM AL- A´LÂ) DE CIDE HAMETE BENENGELI


Por Luce López-Baralt

Cervantes cierra la saga caballeresca à l'envers del Quijote otorgándole la palabra final a la pluma de Cide Hamete

Benengeli, que habla autónomamente, sin mano que la guíe, mientras cuelga de un hilo de alambre atado a una prosaica espetera. Alucinante entelequia digna sin duda de un sabio encantador: la escena es tan incongruente que parecería una superchería inmotivada [1].



La incongruencia de esta broma enigmática, sin embargo, podría ser sólo aparente, ya que si leemos la escena desde coordenadas culturales islámicas -con las que Cervantes se pudo haber familiarizado tanto en Argel como en España- la pluma prodigiosa que pergeñó el Quijote parecería guardar estrecha relación con el “cálamo supremo” o al-qalam al-a´lâ [2] del Corán (68:11). La pluma de Cide, obligadamente arabizante dada la prosapia de su dueño, celebra que la obra nació “para ella sola” y que la empresa de su escritura estaba “guardada” para ella". Y con ello Cervantes vuelve a homenajear su contextualidad islámica, ya que esta pluma primordial agarena, asociada a la escritura sagrada del Dios creador y a su Intelecto Supremo, escribe sobre la “Tabla Guardada” (al-lawh al-mahfûz) , también de estirpe coránica (85: 21-22), el destino inexorable de los seres humanos. Vista desde este prisma, la escena final del Quijote, como tendremos ocasión de ver, deja de ser absurda y nos comienza a entregar sus irónicos secretos.




Recordemos brevemente el diálogo del autor con su instrumento de escritura. Cide -adjetivado esta vez no como falsario sino como “prudentísimo” por el misterioso narrador extradiegético de turno [2]- dice a su pluma al cerrar definitivamente el segundo Quijote (II, 74):



Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, no sé si bien cortada o mal tajada péñola mía,
adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte.
Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir, y decirles en el mejor modo que pudieres:
¡Tate, tate, folloncicos!
de ninguno sea tocada;
porque esta empresa, buen rey,
para mí estaba guardada [3]. 


La pluma parecería adquirir vicariamente el poder del habla -debe tratarse de un cálamo mágico- y se jacta de que:


Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para el uno, a despecho del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi verdadero caballero, porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio [4].



La pluma de Cide celebra pues que la obra nació “para ella sola”, y que la empresa -“impresa”, curiosamente, traen algunas ediciones-[5] de su escritura estaba asimismo celosamente “guardada” para ella. El texto debe quedar sellado para siempre, de manera que nadie resucite “sacrílegamente” sus personajes contraviniendo un destino clausurado por la muerte: “Le advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de Don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa donde verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva”. Queda pues meridianamente claro que lo que este cálamo ha escrito es final, y que continuar la obra es desafiar un hado congelado por los siglos de los siglos. Ya sabemos que Cervantes lanza sus dardos solapados contra el maldiciente Avellaneda, que ha osado echar al mundo una escritura espúrea. La pluma grosera y mal deliñada del autor tordesillesco es del todo incapaz de competir con la todopoderosa péñola arábiga de Cide Hamete.



Et pour cause. La pluma que pende en el aire mientras se jacta de su escritura sellada rinde sus mejores secretos, como dejé dicho, cuando tomamos en cuenta su estirpe agarena.Annemarie Schimmel hace hincapié en el sentido simbólico que tiene el cálamo del destino en el Islam:



A central theme of Koranic mythology is the concept of the law al-lawh al-mahfûz, the Well-Preserved Tablet, on which the destinies of men have been engraved since the beginning of time: the Pen [of destiny] that has written these veredicts is often mentioned with it. In fact, the primordial pen has become a standard expression in Islamic poetry in general and in Sufism in particular, for everything that happens is written with this instrument and cannot be changed [6].



Los árabes expresan esta inexorabilidad del destino escrito por el cálamo sobre la Tabla Guardada con la célebre frase maktûb, que significa “está escrito” [7]. La raíz árabe k-t-b asocia los sentidos de “escribir”, “prescribir”, “"registrar” -y “destinar”- [8], por lo que un árabe -y recordemos que Cide Hamete lo era- no puede pensar una escritura o un cálamo sin que éste quede asociado con el establecimiento de un destino irremisible [9]. “Estaba escrito que iba a pasar”, todavía decimos los hispanohablantes herederos de esta antiquísima escritura islámica que sella para siempre nuestra fortuna. Justo al final de su obra, el sabio historiador parecería prevenir a Avellaneda con un ominoso maktûb. La historia de Don Quijote ha quedado escrita y nadie debe profanar los huesos de su tumba, reescribiéndolos contra “todos los fueros de la muerte”.



Tan socorrido es el leit motiv islámico de esta pluma del destino, que la he descubierto en más de una ocasión en los códices clandestinos de aquellos moriscos aljamiados que Cervantes conoció muy de cerca porque aún se paseaban tranquilamente por el Alcaná de Toledo dispuestos a traducir manuscritos arábigos antiguos. Se trata de una gigantesca pluma de luz que escribe su mensaje ultraterrenal sobre el cielo o sobre una simbólica tela de seda que trae el arcángel Yibril o Gabriel (ms. BNM 4955). El cálamo divino en cuestión siempre redacta sin mano que lo toque y su escritura es decreto inexorable [10].




Y esto es así porque, simbólicamente, la tinta con la que la “pluma primordial” escribe sobre la Tabla Guardada se ha secado. Hay un Hadîz atribuido al Profeta que da cuenta de ello: qad jaffa’ l-qalam -“la tinta ya se ha secado” [11]. William Chittick explora el sentido de este “well known prophetic saying”:



“The pen has dried concerning what shall be: The Pen, identified by the Prophet himself with the Intellect through which creation takes place, has already inscribed and recorded everything that will happen from the beginning of creation to its end” [12].



Algunas personas tienen mala suerte porque la pluma del destino ha escrito en tinta negra -ya seca para siempre- su sino fatal, y por eso en persa y en turco a la mala fortuna se le llama, respectivamente, baj-i siyah y karabath, es decir, “suerte negra”.





Esta tinta de la pluma del destino que mancha nuestras vidas evoca la pluma y la mancha de tinta con las que la pícara Justina de Francisco López de Úbeda sostiene un apasionado diálogo cuando da comienzo a la relación de su vida [13]. La escritora -protagonista escribe y a la vez es escrita- “manchada” inexorablemente por esta tinta que sella su vida para siempre, y su mácula es, curiosamente, doble, ya que para colmo la pícara es de origen converso. Nos preguntamos si también don Quijote es oriundo “de la Mancha” de tinta del cálamo de Cide, que sella su fortuna como personaje, y también de la “mancha” o mácula de su estirpe cristiano-nueva, tan refractaria a comer “duelos y quebrantos” y tan ajena de los prestigiosos dedos de enjundia de cristiano viejo de Sancho.


Sea cual fuere el sentido último de esta “Mancha” de origen, lo cierto es que nadie debe retomar el Cálamo Celeste coránico para “reescribir” lo que un Dios supremo ha redactado con una tinta ya irremediablemente evaporada. Acaso esto nos ayude también a explicar por qué la “pluma del destino” de Cide pende en el aire de un garfio de cocina. En garfios semejantes era que se ponían a secar las carnes o las frutas en las cocinas de antaño. Al colgar su pluma posiblemente Cide le esté indicando a su enemigo Avellaneda que no podrá resucitar a Don Quijote, porque ya la tinta prodigiosa con la que fue escrito se ha secado a perpetuidad [14].



Cide también nos admite con humildad que no está seguro de que la péñola con la que ha escrito el Quijote esté “bien cortada” o “mal tajada”. Desde las coordenadas literarias árabes desde las que vamos asediando la escena, el misterioso comentario deja de ser casual. Los poetas sufíes se quejaron, “in hundred of variations, that the writing of their destiny was crooked, because the Pen was cut the wrong way” [15]. Y, con todo lo “mal tajada” que pudiera estar la péñola de Cide, éste se jacta de que aún está peor “deliñada” la “pluma de avestruz” de su enemigo literario Avellaneda.


Cumple que examinemos la versión que nos da el Corán de esta pluma primordial que traza su caligrafía celeste sobre la Tabla Guardada, a fin de que advertir que la invectiva contra Avellaneda queda potenciada no sólo en un contexto islámico popular sino también en un contexto teológico más culto. Si Cervantes tuvo la curiosidad de indagar más acerca del leit motiv popularizado del cálamo creador, acaso algún compañero de paseo en Argel le pudo explicar lo que el libro revelado de los musulmanes tenia que decir en torno al tema. Es difícil saber los alcances de la información de Cervantes al respecto, pero no deja de ser inquietante que el Corán constituya una de las contextualidades más útiles para comprender el diálogo de Cide con su cálamo creador.



La azora del Qalam o “cálamo” comienza con una enigmática alocución:



“¡Por el cálamo y lo que escriben! ¡Por la gracia de tu Señor, que tú no eres un poseso!” [16].



La azora de esta “pluma del destino” le sirve de consuelo al Profeta Mahoma, ya que los maldicientes lo creerán loco por haberse hecho eco de la escritura divina. El impío “desmiente” el relato del Cálamo Supremo de Dios que todo lo abarca (68:44) en escrituras espúreas que atentan contra su verdad indiscutible. Y la palabra divina fustiga duramente a este simbólico traidor, llamándolo -y seguimos leyendo la azora 68:10-13:



”pertinaz difamador, que va sembrando calumnias, (que) impide el bien, (...) violador de la ley, (...) pecador, arrogante, y, encima, bastardo” (68:10-13).



Parecería que estuviéramos escuchando a Cervantes lanzar su invectiva contra el mordaz difamador Avellaneda, que quiso oponer su escritura “bastarda” a la “verdadera historia” de Cide Hamete Benengeli. El estribillo obsesivo de la “verdadera historia” adquiere nuevos matices de sentido ante esta contextualidad coránica de la azora del cálamo y su escritura “auténtica”.



Salta a la vista que con tan sólo aludir a una pluma que pende en el aire, un conocedor del Corán sabría que Cide alude oblicuamente a un cálamo supremo cuya escritura un difamador bastardo pretende violar, aunque esté sellada por toda la eternidad.



El Libro Revelado nos ofrece a continuación la parábola del jardín. El jardín significa simbólicamente aquí, y el libro revelado es claro en ello, la escritura o creación divina que los “bastardos” han querido profanar:



“¡Déjame a solas con quienes desmienten este discurso!” (68:44).



Los impíos tenían un plan secreto para defraudar al justo de sus derechos, y entran furtivamente de noche al jardín para saquearlo de sus frutas y dejarlo desposeído a traición. Pero cuando penetran al huerto descubren que Dios lo ha asolado, impidiendo así la depredación que los impíos planeaban llevar acabo. (Recordemos que Cervantes se ve precisado a “destruir” precipitadamente su personaje [17], acelerando su muerte para evitar una nueva desposesión de su texto, ya violado anteriormente por Avellaneda.) Estos impíos descreyentes, insiste una vez más la azora en cuestión, han declarado poseso -“loco”- al Profeta por transmitir la escritura sagrada, pero las palabras que Mahoma ha proferido no son palabras inconexas, producto de la locura desatada, sino un mensaje verdadero dirigido “a todo el mundo” (68:52). La adjuración por la pluma con la que abre esta azora es un claro desafío a todo posible ataque al texto revelado auténtico -jardín inviolable- escrito por el Cálamo Supremo. Comenta al respecto A. Yusuf Ali:



“so far from the Prophet uttering words disjointed... he was bringing the message of true Reality... For he spoke words of power, not incoherent, but full of meaning, and through the Record of the Pen, that meaning unfolds itself, in innumerable aspects to countless generation” [18].




Es tentador pensar que el texto del delirante historiador arábigo tampoco participa de una demencia bufa y estéril: su delirio es sólo aparencial, y esconde lúcidos secretos literarios al lector avisado que los quiera desentrañar con paciencia y buena fe.


La pluma parlante de Cide se jactaba, de otra parte, de que la escritura del texto había estado destinada tan sólo para ella. La pluma suprema y la Tabla Guardada constituyen en el Islam un “matrimonio espiritual” inviolable. Esta Tabla Guardada o al-lawh al-mahfûz se menciona en la azora 85:21-22 en el contexto de una amonestación a los que pretenden desmentir la escritura divina: “Los infieles... persisten en desmentir, pero Dios les tiene a su merced. ¡Sí, es un Corán glorioso, en una Tabla bien guardada!” La “Tabla” está guardada desde la eternidad para este Cálamo Celeste -exactamente como la empresa- la todopoderosa escritura -de la pluma de Cide, que se guardaba tan sólo para ella. A esta luz conviene volver sobre la versión alterna del vocablo que traen algunas ediciones del Quijote-“impresa”, en vez de “empresa”-. Difícil saber si se trata de una errata o de una manipulación consciente del vocablo por parte de Cervantes. Ante todo lo dicho, sin embargo, hace sentido que se trate aquí de una “impresa” -es decir, de una escritura u obra “impresa”- la que estuviera “guardada” celosamente para la plumasin par de Cide Hamete [19].





La Pluma Celeste y la Tabla, matrimonio inseparable en la cosmología islámica, son, como nos recuerda Laleh Bakhtiar, a manera de una pareja primordial -de un “Adán y Eva” [20]- de la creación de Dios:



The Pen and the Tablet are also cosmological symbols. From the ink of Divine Knowledge God wrote the essential existence of all things through the Pen, the masculine principle operative in creation; existent things are words inscribed upon the Guarded Tablet, the Universal soul or femenine principle operative in the universe [21].



Ibn ‘Arabî de Murcia interpreta estas simbólicas nupcias celestes precisamente en términos de una pluma que es principio masculino y una Tabla que es principio femenino, argumentando en su Al-Futûhât al-Makiyya o Iluminaciones de la Meca (III 399, 12, 28) que la escritura que el Cálamo inscribe sobre la Tabla Guardada es como la esperma eyaculada y depositada dentro del vientre de la hembra”. [22] Sachiko Murata actualiza el leit motiv cosmológico: “the yang/yin implications of the Pen and Tablet are plain. The Pen’s masculinity needs no explanation, while the Tablet’s receptivity are just as obvious” [23].



Pero la identificación de la Pluma con el Intelecto o principio activo masculino y de la Tabla con el Alma universal o polo pasivo de la existencia espiritual tiene importantes adicionales que Ibn ‘Arabî explora a su vez en los Al-Futûhât (I 139.4): la Pluma es activa en relación con la Tabla Guardada, pero resulta receptiva en relación con Dios, a quien sirve como instrumento creador. Así, de la misma manera que la Pluma puede ser considerada una “Tabla” pasiva en relación con Dios -un principio yin- la Tabla Guardada puede ser considerada una Pluma -un principio yang- en relación con el mundo creado que subyace debajo de ella [24].



Curiosamente, Cervantes parecería hacerse eco de esta misma dualidad al referirse a su instrumento de creación escrituraria, que una veces es fálico -una espada tajante en el Viaje del Parnaso (VIII)- y otras veces, en cambio, resulta femenino y maternal -como cuando el autor se jacta de la originalidad de su intelecto al escribir las Novelas Ejemplares: “mi ingenio las engendró y las parió mi pluma”- (énfasis mío).



Acaso esta condición bifronte del cálamo supremo -tanto del coránico como del cervantino- nos pueda ayudar a aclarar aún más el enigma de esta pluma que pende, sin aparente razón, de un hilo de alambre atado a una espetera de cocina. Cervantes podría estar haciendo una alusión oblicua al hecho de que había puesto a secar la tinta de su Cálamo Supremo. Pero también, simultáneamente, puede estar reescribiendo, con su acostumbrada ironía, otro leit motiv islámico: la pluma primordial de Dios es intermediaria entre el Creador Supremo y su creación “escrita”, porque está “atada” -o porque “ata”- ambos polos cosmológicos. La Pluma suprema, como apunté, mira simultáneamente a Dios y al cosmos creado que la subyace. La cara que tiene volteada hacía el Dios creador es receptiva, mientras que la cara que tiene volteada hacia los niveles más bajos de la creación -el mundo que surge de la caligrafía celeste- es activa. La pluma, como explica Sachiko Murata [25], es un ismo, un hilo conector o un puente entre dos polos. Ya sabemos que esta Pluma primordial se asocia siempre en el Islam con el Intelecto Supremo creador. Pero es que Intelecto, ‘aql en árabe, significa “atar”, “constreñir” [26], y, en su variante:


‘iqal, significa, precisamente, “cuerda”. Dicho de otra manera: un árabe no puede pensar al Intelecto supremo sin asociarlo con una cuerda y una atadura. Acaso al sabio historiador, al colgar de un hilo de alambre su prodigioso cálamo, nos esté indicando con una sonrisa cómplice que su pluma de ave es la intermediaria simbólica entre el Intelecto creador -el máximo autor, Cervantes- y su creación escrita -la historia de don Quijote de la Mancha. Cierto que el alambre brilla con un destello más modesto que el de la luz increada del cálamo supremo de las leyendas árabes y aljamiadas- pero también la bacía de barbero resplandecía más humildemente que el auténtico yelmo de Mambrino.



La raíz ‘aql, igual que la voz “cuerda” en español, admite el sentido adicional de “cordura” y “razonabilidad”. Todo lo contrario pues de la “escritura desatada” de las novelas de caballerías. ¿Nos sugiere Cide oblicuamente que su escritura está debidamente “atada” al poderoso ingenio de su autor, que la sabe controlar perfectamente, como Maese Pedro a sus marionetas, y que su delirio verbal de historiador arábigo imaginativo que es sólo aparente? Su escritura resulta entonces una scriptio ligata: Cervantes glorifica su obra inmortal, islamizando la “soga de Teseo”. El hilo de Ariadna nos ayuda a no perder el rumbo en el laberinto de la escritura cervantina, pero este hilo, ahora de alambre, no es del todo occidental, ya que sostiene una pluma intermediaria entre el Intelecto Supremo invisible y el mundo de ficción que éste engendra. Cervantes, no cabe duda, maneja una péñola más islámica que occidental. Y mal podrían Aristóteles, San Basilio o Cicerón hacerse eco de la escritura prodigiosa de un historiador arábigo [27].



Insistamos en una última coincidencia curiosa. En el Islam tanto el Cálamo Supremo, la tinta con la que escribe y la Tabla Guardada están identificados con un ángel. O con una sucesión de ángeles que, como delegados del Hacedor supremo, van conllevando la labor creadora de Dios en gradación descendente hasta alcanzar el plano material. Dejo la palabra al Imâm Ya’far:



"Nun is a river in the Garden. God said to it: ‘Harden!’ So it hardened and became ink. Then God said to the Pen: ‘Write!; So the Pen wrote in the Guarded tablet everything that is and will be until the Day of Resurrection. The Ink is an ink of light, the Pen is a Pen of light, and the Tablet is a tablet of light... Nun is an angel who conveys to the Pen, who is an angel. The Pen conveys to the Tablet, who is an angel. The Tablet conveys to Seraphiel, Seraphiel conveys to Michael, Michael conveys to Gabriel, Gabriel conveys to the messengers and the Prophets" [28].



Estos ángeles co-creadores de la escritura divina nos llevan a considerar el nombre arábigo de Cide Hamete Benengeli, que se articula de una manera particularmente fecunda en el contexto de esta cosmología escrituraria islámica que venimos explorando. El nombre del presunto autor “arábigo” del Quijote cuenta, como se sabe, con numerosas decodificaciones por parte de los críticos [29]. Sin que descartemos ninguna de ellas, recordemos aquí la reciente hipótesis de Julio Baena. El estudioso insiste en la regla fonética de la que se sirve a menudo Cervantes para su invención de nombres: “Para Sancho, Benengeli no significa, sino que suena a “berenjena” [30]. Al concentrarse en el sonido por sobre la significación, concluye Baena que “Ben-Engeli suena a Hijo de Angel, por más que etimológicamente no lo signifique [31]. Y por eso asocia a este simbólico “hijo del ángel” agareno con un demiurgo o encantador “capaz de traspasar las paredes y hasta las mentes para escudriñar los pensamientos” [32]. Recordemos que la voz “berenjena”, de remoto origen sánscrito y persa, pasa al árabe como badânÿân o badînÿân. Nos recuerda César Dubler que Ibn al-’Awwâm se refiere a la plantación de la berenjena en el Al-Andalus del siglo XII, “apuntando, a más de las conocidas, otra variante fonética, que es la de barânÿân [33]. De aquí nuestra “berenjena” hispánica. He podido advertir, sin embargo,que la variante de la voz en los dialectos de Al-Andalus, de Argel y de Marruecos es esbdinÿâl , que se pronuncia casi como “Bâdinÿel” [34]: “Bâdinÿelî”, con la “i” final del genitivo, significaría entonces “relativo a”, “de”, “procedente de” la berenjena. Probablemente Cervantes escucharía estas versiones fonéticas en sus caminatas por las plazas de Argel, o aun entre los moriscos que le fueron contemporáneos en España. Lo cierto es que Cide tiene un nombre que acústicamente se podría asociar -Julio Baena lleva razón- con Ben-Engeli o “hijo del ángel”. Cide Hamete es pues, por poderosas razones fonéticas, Bâdinÿelî, es decir, “de la estirpe del ángel”.



Dada la extremada popularización de la cosmología angélica en la teoría coránica de las sucesivas emanaciones angélicas de la creación de Dios a través de su Cálamo Supremo, ¿nos estará insinuando Cervantes que su Cide Ben-Engeli o Bâdinÿel es un cálamo-ángel intermediario y suspendido- por un prosaico pero relumbrante alambre- entre el Hacedor supremo -Miguel de Cervantes Saavedra- y la historia de Don Quijote de la Mancha?



Y menciono ahora el nombre de Cervantes como creador supremo con toda intención, ya que parecería tener la última palabra de esta obra profusa que le habían disputado a Cide Hamete innumerables instancias narrativas, desde los narradores extradiegéticos de turno que le comentan su escritura hasta el morisco que se la traduce al castellano. Estamos, irónicamente, ante una obra creada por diferentes instancias o “ángeles” intermediarios en la génesis del universo verbal. Pero no por ello nos habremos de perder en el intrincado laberinto de este texto vertiginoso. El cálamo celeste de Cide está fuertemente ligado por su alambre a una mano creadora invisible -pero Suprema. Al fin nos será dado saber que esta mano o Intelecto Supremo era, todo el tiempo, el de Miguel de Cervantes. Insisto en ello porque la pluma pendular que conversa en primera persona y en género femenino -“para mí sola nació Don Quijote”- se desliza sin previo aviso en una voz autorial masculina que en un primer momento no sabemos si pertenece a la pluma, a Cide, o a la instancia narrativa de turno que nos suele narrar cómo se narra la obra [35]: “yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna” (II,74). La alocución final con la que cierra la obra nos permite enseguida identificar esta voz autorial con la de Cervantes. Cide nunca habló de condenar la memoria de los libros de caballerías: poco le habría de interesara un historiador musulmán hacer crítica literaria de un género europeo que le debió resultar ajeno. A Cervantes, en cambio, sí, y ya anuncia su proyecto crítico demoledor de este género caballeresco en el prólogo al primer Quijote: “...todo en él es una invectiva contra los libros de caballerías”. Ahora aquel escritor ficcionalizado del prólogo repite su lección satírica para que reconozcamos que es él quien ha decidido tomar la palabra final de su texto, y “atarlo” fuertemente a su ingenio creativo. Todo el tiempo era él quien se levantaba, como Hacedor supremo, sobre la jerarquía creacional de su escritura; sobre el historiador arábigo Cide y todas las instancias narrativas- y “angelicales” de turno; sobre su “empresa” guardada; sobre la péñola del destino que pendía con su tinta sagrada puesta a secar para que nadie osara profanarla “contra todos los fueros de la muerte”. Forsi altro canterà con miglior plectio, nos había anunciado Cervantes, con enigmática modestia, al final de la primera parte de la historia de su anacrónico pero sublime caballero. Pero se equivocaba: el mejor plectro era el suyo, ese Cálamo Supremo, angelical y arabizante con el que supo escribir la primera novela europea. Y por eso se reapropia de su pluma al final de la obra, colgándola de una espetera para poner a secar su tinta, de manera que ya nadie vuelva a profanarle, con ánimo alevoso y pluma bastarda, la verdadera historia de Don Quijote de la Mancha.


NOTAS
1. Se ha escrito poco sobre esta pluma colgante. Cf. al respecto las breves palabras de Joaquín Casalduero, en el estudio Sentido y forma del Quijote (Insula, Madrid, 1975, pp. 400-401)
2. No me detengo más en estas instancias narrativas, a las que aludiré aquí sólo de paso, porque les dedico un estudio de propósito en otro lugar.
3. Cito por la edición del Quijote de Luis Andrés Murillo (Clásicos Castalia, Madrid, vol II, 1978, p. 592)
4. Ibid.
5. Así, la edición anotada de Martín de Riquer (Kapeluz, Buenos Aires, 1973, vol II, p. 555)
6. Mystical Dimensions of Islam, The University of North Carolina Press, Chapel Hill, 1975, p. 414.
7. Muchos expertos interpretan los vocablos asociados a la raíz árabe k-t-b (escribir, ordenar, destinar) con esta escritura celeste del cálamo supremo. Comentando la azora de la vaca (surat al-Baqarah), dice Tabarsi que algunos comentadores interpretan la palabra kutiba (“ha sido ordenado”) “to mean ‘it has bcen inscribed in the Preserved Tablet [...] which is the Mother of the Book” (M. Ayoub, The Qur’an and its Interpreters,State University of New York Press, Albany, 1984, p. 186).
8. Cf. J.M. Cowan, Arabic-English Dictionary, Spoken Languages Services, Inc., New York, 1976, p. 812.
9. La pluma está asociada en la cultura islámica a este destino insoslayable de tal manera que en las ceremonias religiosas y civiles que implican tratos perpetuos entre personas se usa como símbolo: “The materials required for the making of the pen were popularly endowed with symbols. To seal a marriage, a pen of red copper was to be used, wtih the writing on wax, not on paper. To celebrate a friendship, a pen made of silver or from a stork’s beak was employed” (Abdelkebir Khatibi and Muhammed Sijelmassi, The Splendor of Islamic Calligraphy, Thames and Hudson Inc., 1966, p. 75.
10. María Luisa Lugo ha editado el códice, que es un anónimo del siglo XVI, como parte de su tesis doctoral para el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, titulada Hacia la edición del Libro de las luces, leyenda aljamiada sobre la genealogía de Mahoma (1995, inédita), que prepara como libro al presente. Recuerda Lilliana Ramos Collado que la pluma maravillosa -esta vez del ave Rejaparece también en las Mil y una noches, al menos, como señala R. Cansinos Asséns, en la traducción de Richard Burton. Burton hace referencia también -y sigo citando a Ramos Collado- a otros dos viajeros con plumas milagrosas: Marco Polo. Cf. The Travels of Marco Polo (The Orion Press, New York, 1958), y el fraile Cipolla, personaje de la décima historia del sexto día del Decamerón de Boccaccio, que exhibe una pluma del ángel Gabriel, obtenida durante sus viajes al cercano Oriente. Estas plumas, de clara prosapia islámica, reescriben de manera fantástica el símbolo islámico, que en el Corán se asocia no a ninguna criatura sino, por el contrario, a la escritura de Dios. Cf. Lilliana Ramos Collado, “Proyectos infames. Breves Genealogía borgeana de un ensayo de Foucault”, Nómada II (1995) pp. 76-77. Incluso Juan Goytisolo se ha hecho eco de este cálamo supremo, con el que insinúa que escribe su conmovedor relato ultramundano de la Cuarentena. Cf. también mi ensayo en torno a esta novela, “Narrar después de morir: La cuarentena de Juan Goytisolo (Nueva Revista de Filología Hispánica, XLIII (1995) México, pp. 59-124).
11. “The pen has already dried up, which means that nothing once decreed and written on the Well-preserved Tablet can ever be changed” Schimmel (Mystical Dimensions..., p. 197).
12. The Sufi Path of Love. The Spiritual Teachings of Rumi. State University of New York Press, Albany, 1993, p. 113. Al igual que Annemarie Schimmel, Chittick insiste, sin embargo, en el hecho de que muchos musulmanes interpretan de una manera flexible la escritura ominosa de esta pluma del destino. “But an unbiased look at many periods of Islamic history shows no signs whatsoever of a ‘fatalistic’ streak in the Moslem peoples.” (ibid.) Así, el célebre poeta Rumi argumenta: “The true interpretation of ‘The pen has dried’ is that you should perform the most important task. / The pen has written: ‘In keeping with every work there is a consequence and a retribution.’ / if you walk crookedly, ‘The Pen has dried’: you will receive crookedness. If you bring straightnes, you will reap felicity.” (ibid., p. 117).
13. Las tradiciones proféticas o dichos atribuidos a Mahoma se refieren una y otra vez a esta mancha de tinta primordial del tintero trascendido de Dios, que de alguna manera incluye todo el universo. Laleh Bakhtiar espiga uno de estos hadices que repiten el lugar común islámico: “God wrote the Quran upon the Tablet. The first drop of ink was the dot under the letter b (`) which begins Bismi ‘Llah... (in the name of God).The pen produces the point; the point is the centre; the centre is the Divine Sosurce (Sufi Expressions of thMystic Quest, Thames & Hudson, London, 1976, p. 28).
14. Podemos estar frente a una nueva broma irónica de parte de Cervantes: su pluma islámica ha quedado asociada nada menos que con el amenazante jamón cristiano-viejo, con lo que ningún escritor converso se animaría a descolgarla de su espetera para apropiársela. Todo ello nos evoca los célebres versos de Quevedo , que parecerían contextualizar la burla cervantina: “Te untaré con tocino mis versos, Gongorilla, porque no me los muerdas”.
15. Schimmel, Mystical dimensions..., p. 414
16. El Corán, ed. Cortés, p. 663.
17. Sobre esta prisa casi inmisericorde con la que el autor da cuenta de la muerte de Alonso Quijano, comenta Jorge Luis Borges: “Cervantes ... deja que éste se vaya de la vida de una manera lateral y casual, al fin de una frase. Cervantes nos da con indiferencia la tremenda noticia- (“Análisis del último capítulo del Quijote” (RUBA I (1956), p. 36).
18. Cf. el comentario de Yusuf Ali a la primera aleya de la azora del “Cálamo” (68) (The Holy Qur’an, p. 1585).
19. Acaso Cervantes jugara también no sólo con la idea de una “empresa” o acción ardua y valerosamente acometida, guardada para su pluma, sino con una “empresa” o figura enigmática que alude a lo que se intenta conseguir o denota alguna prenda de la que se hace alarde, para cuya mayor inteligencia se añade comúnmente alguna letra o mote.
20. Comenta al respecto Sachiko Murata: “Just as the human world needed an Adam and an Eve, so also the cosmos as a whole needed a spiritual Adam and a spiritual Eve -Pen and Tablet- to bring the heaves, earth, and everything between the two into existence” (op. cit., p. 154).
21. Sufi. Expressions of the Mystic Quest, Thames and Hudson, London, 1976, p. 28.
22. Apud Murata, op. cit., p. 153.
23. Ibid., p. 154.
24. Cf. ibid., p. 163. La Tabla Guardada -y sigo citando a Ibn ‘Arab§- es verde porque tiene una relación dual con el mundo creado. Tiene una relación luminosa cuando consideramos que mira hacia el Intelecto Supremo, y una relación oscura, cuando consideramos que está volteada también hacia el polvo y el océano del mundo creado. La Tabla es verde debido a esta mezcla delicada y prodigiosa (cito el ‘Uqla 56, apud Murata, op. cit., p. 163). En el Islam es palmario considerar que la Tabla Guardada o Tabula Smaragdina, como la llama Henry Corbin, está hecha, simbólicamente, de esmeralda. Así se describe en innumerables leyendas de las que todavía se hacen eco los moriscos aljamiados del siglo XVI. Cf. Corbin, L’homme de lumière dans le soufisme iranien. Le soleil dans le coeur, Éditions Présence, Paris, 1971, y mi ensayo “La visio smaragdina de san Juan de la Cruz. Acerca de las esmeraldas trascendidas que encontró en el interior de su alma iluminada” (en: Varia Lingüística y Literaria. 50 años del CELL, vol II. Martha Elena Venier, Editora, Colegio de México, 1997, pp. 131-147).
25. Op. cit. p. 165.
26. Ibid.
27. Aludo, claro está, al prólogo al primer Quijote, en el que Cervantes asegura que estos autores clásicos de Occidente no dejaron dicho nada de las novelas de caballerías, porque no las conocían.
28. Cito una vez más por Murata, op. cit., p. 154.
29. Recordemos las ediciones comentadas del Quijote de Diego Clemencín (vol. I, D.E. Aguado, Madrid, 1833) y de F. Rodríguez Marín (Vol. I, Atlas, Madrid, 1947); así como el ensayo de Leopoldo Eguílaz y Yanguas, “Notas etimológicas a El ingenioso hidalgo don Quijote”, en el Homenaje a Menéndez y Pelayo, vol. II, Librería General de Victoriano Suárez, Madrid, 1899, pp. 121-42).
30. “Modos del hacedor de nombres cervantino: el significado de Cide Hamete Benengeli” Indiana Journal of Hispanic Studies II (1994) p. 55.
31. Ibid., p. 58.
32. Ibid.
33. “Sobre la berenjena”. Al-Andalus VII (1942) p. 373.
34. Lo explica de pasada Dubler (op. cit, p. 378), sin asociar en ningún momento la variante magrebí con la obra de Don Quijote.
35. Agradezco a mi colega María Teresa Narváez que me llamara la atención sobre esta voz autorial final del texto, que es claramente cervantina.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Invitación

Todos los sábados, desde el 8 de Septiembre al 27 de Octubre, de 13 a 14:30, los invitamos a participar de esta actividad en el Centro de Estudios de José  C. Paz.

viernes, 29 de junio de 2018

EN PRESENCIA DE LA DIVINIDAD, DONDE RESIDE LA COMPASIÓN Y LA MISERICORDIA.

Los procesos que marcan los “periodos ascéticos” de nuestra evolución espiritual son el producto de nuestro esfuerzo, de nuestra constancia, pues como dice el Corán: “No contará para el ser humano sino aquello por lo que se esfuerza”.
Son periodos marcados por la renuncia al dominio del ego, por el arrepentimiento de los actos negativos, por la práctica fiel de los ejercicios religiosos, por la sujeción a las reglas, y por un gran amor hacia el Creador fundamentado sobre la imagen que nos hayamos creado sobre Él, pues: “Yo también soy conforme a la imagen que mi siervo tiene de Mí”.

La etapa ascética puede consolidarse como un estado después de un periodo de esfuerzo, en cuyo caso también será un don gratuito procedente de La Providencia en el momento adecuado.

El estado místico, por el contrario, no es el resultado de nuestro esfuerzo, sino la consecuencia directa de la intervención Divina, es un don. Está singularmente marcado por una indescriptible experiencia amorosa exenta de imágenes, de supuestos, de formas, de condicionamientos y de deseos.
Puede sernos concedido sin más, como una llama encendida en el corazón desde el día en el que despertamos a la consciencia, o se nos puede conceder tras un periodo indefinido de esfuerzo y fidelidad a las prácticas de ascesis.

En todos los casos cuando la Sabiduría Divina así lo decrete. Lo más frecuente es que, si se nos concede, sea después de haber superado el tiempo del esfuerzo en la ascesis, pero también puede ser que no se nos conceda en este periodo de nuestra existencia, pues también nos enseña el Corán: “Para cada uno de vosotros Hemos decretado un camino diferente”.

La cuestión es que no es tan importante si somos llamados a uno u otro estado, cuestión esta que condiciona los “santos deseos” de quienes senderean por las rutas del espíritu. Lo que de verdad importa es nuestra fidelidad a la Acción Creadora sobre nosotros, nuestra conformidad con Ella, ya que nuestra conformidad con Su Designio siempre será la mejor opción. Por esto importa si el estado por el que nos esforzamos, o por el que aspiramos, se corresponde con nuestra “llamada”, Su Designio.

Dada por comprendida nuestra ignorancia, importa la gozosa conformidad con aquello que se nos haya concedido, sin permitir la intervención de los “santos deseos” cuando nuestra experiencia en el Sendero nos permita entenderlo. Entender que cualquier estado espiritual al que hayamos sido llamados será el que mejor se nos adecue, por lo que para el caminante no será correcto pedir más de lo que su Señor le da.
Hemos de recordar que no importa la cantidad de líquido que contenga el recipiente, lo que importa es que el recipiente esté lleno según su tamaño y el propósito de su existencia.
¿Por qué hemos sido creados?, -para conocer. ¿Qué hemos de conocer?, -La Fuente Autosubsistente y Creadora. ¿En qué medida hemos de conocer-La?,

Esta medida decretada para cada uno depende de Su Determinación, no de la nuestra.

Por estas razones nuestra mejor oración será: “Que no se haga según mi ignorante deseo, sino según Tu Sabia Voluntad”.

Durante el periodo ascético, marcado por el esfuerzo propio de los ejercicios, la abstinencia, la oración, y la meditación discursiva o dinámica, etc., necesitamos de recursos que nos ayuden a reflexionar, a entender, y a mejorar en las prácticas. Uno de estos recursos es la lectura de algunos de los párrafos de los textos Sagrados, aquellos que por su contenido nos inspiran mejor.
Hoy he querido compartir con vosotros algunos de esos párrafos, aleyas Coránicas, que fueron para mí fuente de inspiración. Espero, si Dios quiere, que también sean de provecho para vosotros.
NOS ENSEÑA EL CORÁN:

Dios, no hay deidad sino Él, el Viviente, La Fuente Autosubsistente de todo ser. 2:255 y 3:2

De Dios son el Este y el Oeste, y allí donde os volváis hallaréis la Faz de Dios. 2:115
Él está sublimemente exaltado por encima de cuanto los seres humanos puedan concebir para definirLe. 6:100
Ninguna visión humana puede abarcarLe. 6:102
Considera en Él lo múltiple y El Uno. 89:3
Pues Dios es todo cuanto hay en los cielos y todo cuanto hay en la tierra. 4:132
De Él dependen todas las criaturas en los cielos y en la tierra; y cada día Se manifiesta en otra faceta admirable. 55:29
Pero ¡hay de vosotros por vuestras tentativas de definir a Dios!. 21:18
¡Dios es infinito en Su gloria, entronizado en Su Omnipotencia, muy por encima de cuanto el ser humano pueda hacer para definirLe! 21:22
Absolutamente distante, en Su Gloria, está el Sustentador de los cielos y la tierra, de todo cuanto le atribuyen como definición. 43:82
Sólo de Dios son los atributos de perfección. 7:180
Si, en verdad Nosotros hemos creado al ser humano y sabemos lo que su mente le susurra; pues estamos más cerca de él que su vena yugular. 50:16
… e insufla en él (ser humano) algo de Su Espíritu, y os dota así de sentimientos, además de mentes… 32:9
… no He creado a los seres invisibles y a los seres humanos sino para que Me conozcan y adoren. 51:56
Dios ha creado a cada uno en fases sucesivas. Y os ha hecho brotar de la tierra con un crecimiento gradual 71:14 a 17
Ciertamente, lo Hemos creado todo en su justa medida y proporción; Nuestra orden y su cumplimiento es sólo una acción, como el parpadeo de un ojo. 54:49-50
Y Él es quien ha creado todos los opuestos. 43:12
Todos los creyentes son hermanos. 49:10
Sólo quienes escuchan con su corazón pueden responder a la llamada. 6:36
Aunque el agua de los océanos se hiciera tinta, se agotaría antes de que se agotaran las palabras del Creador. 18:109 y 31:27
En Verdad aquellos que insisten en negar la verdad es igual que les adviertas o no les adviertas; no creerán. Han sellado sus corazones y sus oídos, y sobre sus ojos hay un velo.2: 6-7
Y cuando se les invita contestan: ¿Es que vamos a creer como creen los necios?. 2:13
…; y aunque les llames a la verdad nunca aceptarán ser guiados. 18:57
¿No ven, acaso, los que se empeñan en negar La Verdad que los cielos y la tierra formaban una sola masa, que luego fragmentamos?, ¿Y que Hemos hecho a partir del agua todas las cosas vivas?, 21:2
Y somos Nosotros quienes hemos creado el Universo con nuestro poder creador; y, realmente, somos Nosotros quienes lo estamos expandiendo continuamente. 51:47
Y así, también vosotros avanzaréis de un estado a otro. 84:19
… (en todo lo creado) hay mensajes claros para gentes que utilizan su razón. 2:164
(En este Corán). Hay mensajes que son claros y otros que son alegóricos. 3:7
Así, en verdad, Hemos dado múltiples facetas en este Corán a toda clase de enseñanzas, para beneficio de la humanidad. 18:54
No Hemos hecho descender este Corán sobre ti para hacerte infeliz, sino como exhortación… 20:1
Buscad ayuda en la firme paciencia y en la oración; esto es ciertamente difícil, excepto para los humildes de espíritu. 2:45
Sed constantes en la oración y en el zakat. 2:110
Él os ha dado el conocimiento del vestido, pero el vestido de la consciencia de Dios es el mejor de todos. 7:26
El mal despojó al ser humano de su vestimenta (la consciencia de Dios) y le hizo ver su desnudez. 7:27
(Pero). A Dios sólo le llega vuestra consciencia de Él. 22:37

Realmente, el más noble de vosotros ante Dios es aquél que es más profundamente consciente de Él. 49:13

Existen muchas vías de ascenso hacia Dios. 70:3
Cada época ha tenido su revelación. 13:38
A cada uno de vosotros le Hemos asignado una ley y un modo de vida distintos. 5:48
No te incumbe a ti (Profeta) hacer que sigan el camino recto, sino que Dios guía a quien quiere (ser guiado). 2:272
(Así pues). No cabe coacción en asuntos de fe. 2:256
Si un no musulmán busca tu protección, concédesela, para que tenga ocasión de escuchar la palabra de Dios; y luego hazle llegar a donde esté seguro. 9:6
Si hubiéramos querido, habríamos impuesto Nuestra guía a cada individuo; pero no lo Hemos querido así… 32:13
Se paciente, pues esto no es sino un recordatorio de Dios para toda la humanidad. 68:52… para quien de vosotros quiera seguir un camino recto. 81:27
Dios invita al ser humano a la Morada de Paz, y guía a un camino recto a quien quiere ser guiado. 10:25
Dios no guía a quien se empeña en mentirse a sí mismo… 39:3

Y di: “La Verdad ha venido ahora de vuestro Sustentador; así pues, quien quiera que crea, y quien quiera que la rechace”. 18:29
Pero ciertamente, no dejaremos sin recompensa a quien crea, y persevere en hacer el bien. 18:30
… a quien le es dada la sabiduría, ciertamente le ha sido dada una gran riqueza. Pero sólo los dotados de perspicacia tienen esto presente. 2:268
Hoy He perfeccionado para vosotros vuestra ley religiosa, y os He otorgado la medida completa de Mis Bendiciones, y He dispuesto que el autosometimiento a Mí sea vuestra religión. 5:3
Ciertamente, la única religión verdadera ante Dios es la docilidad del ser humano ante Él. 3:19
Pues quien busque una religión que no sea la sumisión a Dios, no le será aceptada… 3:85
Hemos hecho de vosotros ¡Oh creyentes!, una comunidad alejada de los extremos para que seáis testigos para los hombres. 2:143
¡Vosotros que habéis llegado a creer!. Responded a la llamada de Dios y del enviado cuando os llama a lo que habrá de daros vida; y sabed que Dios interviene entre el ser humano y (los deseos de) su corazón, y que ante Él seréis congregados. 8:24
Les hacemos llegar una advertencia: pero están empeñados en negar la verdad, y esta advertencia no hace sino aumentar su ya desmesurada arrogancia. 17:60
¡Realmente esta es una gente que no creerá!. Aún así se tolerante con ellos, y di: “Sea con vosotros la paz”. Pues en su momento habrán de saber la verdad. 43:89
Di a los que han llegado a creer que deben disculpar a los que no creen en la llegada de los días de Dios, pues sólo a Él incumbe retribuir a la gente según se merece. 45:14
En su momento les haremos comprender plenamente Nuestros mensajes por medio de lo que perciben en los horizontes más remotos del Universo y en ellos mismos… 41:53
A quienes llegan a creer y hacen buenas obras el más Misericordioso les dará amor, con este único fin hemos hecho esta escritura fácil de entender… 19:96-97
… Dios es en verdad autosuficiente, mientras que vosotros tenéis necesidad de Él; ¡y si os apartáis de Su mensaje, Él os sustituirá por otra gente, y no serán como vosotros!. 47:38
Prestad atención a los signos y mensajes de Dios, esa es la esencia de la guía… 45:11
Pues así es; no Hemos creado los cielos y la tierra y lo que hay entre ellos por mero pasatiempo, no Hemos creado nada de esto sino conforme a una verdad, pero la mayoría de ellos no lo entienden. 44:38-39
Ha puesto a vuestro servicio, como un regalo procedente de Él, todo cuanto hay en los cielos y en la tierra: ¡ciertamente, en esto hay en verdad mensajes para gente que reflexiona!. 45:13
… al final todo revela su realidad. 54:3
Quien obra con rectitud, lo hace en beneficio propio, y quien obre mal lo hace en contra de sí mismo; y al final todos seréis devueltos a vuestro Sustentador. 45:15
¡Oh criaturas que habéis transgredido contra vosotros mismos! ¡No desesperéis de la Misericordia de Dios…! 39:53
No contará para el ser humano sino aquello por lo que se esfuerza. 53:39
… y todo cuanto el ser humano hace, pequeño o grande, está anotado junto a Dios. 54:53
Y también hay entre las gentes quien adora a Dios en la línea divisoria de la fe, tal es así que si llega un bien se muestra complacido con Él; pero si le llega una prueba se aparta completamente, perdiendo así esta vida y la otra. 22:11
¿Has considerado alguna vez a ese tipo de personas que hacen de sus deseos su “dios”?... Son como el ganado, ¡que va!, son aún menos conscientes del camino recto. 25:43-44
El ser humano está hecho de precipitación. 21:37
A Menudo el ser humano ruega por cosas que son malas creyendo que son buenas; pues es dado a precipitarse en sus juicios. 17:11
Dios interviene entre los deseos del ser humanos y su corazón. 8:24
… puede ser que os desagrade algo y sea bueno para vosotros, y puede ser que améis algo y sea malo para vosotros: Dios sabe y vosotros no. 2:216
En verdad, el ser humano se vuelve sumamente soberbio cuando se cree autosuficiente; aunque ciertamente, todos habrán de retornar a su Sustentador. 96:6-8
Y todo retorna a Dios que es su Fuente. 3:109
Y luego quienes han muerto son devueltos a Dios. 3:28 y 6:61
Él os originó y a Él habréis de volver.7:29
En verdad, el ser humano ha sido creado inquieto. 70:19
Por norma cuando le toca un mal, se llena de preocupación, y cuando le toca un bien, se vuelve mezquino con los demás. Excepto los que se vuelven a Dios en oración y perseveran en ella; y de cuyos bienes una parte es reconocida por ellos, por derecho, como de aquellos que piden ayuda y de aquellos que sufren privación. 70: 20 a 25

No os pido recompensa alguna por este mensaje, sólo que améis a vuestro prójimo. 42:23

Os exhorto tan sólo a una cosa. Sed conscientes de hallaros ante Dios, bien sea en compañía de otros o solos, y luego recapacitad. 34:46
Apártate de aquellos que, seducidos por la vida de este mundo, han hecho de lo pasajero su religión. 6:70
Mantente con paciencia al lado de aquellos que buscan a su Sustentador mañana y tarde buscando Su Rostro, no permitas que tus ojos pasen sobre ellos en busca de las galas de este mundo. 18:28

Así pues, no rechaces a ninguno de los que buscan a su Sustentador, mañana y tarde, buscando Su Faz, no tienes derecho a rechazarles. 6:52
Los que están próximos a Dios nada tienen que temer… 10:62
… ciertamente, no tendrás poder (el mal) sobre aquellas de mis criaturas que pongan su confianza en Mí. 17:65
Cualquier bien que gastéis en los demás será para vosotros mismos, si lo hacéis buscando sólo la Faz de Dios... 2:272
Y dad a aquellos necesitados que por estar totalmente entregados a la causa de Dios, no pueden ocuparse en buscar su sustento… se abstienen de pedir, pero podréis reconocerles por su marca especial; no piden a la gente inoportunamente. Y cualquier bien que gastéis en ellos, ciertamente, Dios lo conoce. 2:274
Poned todo vuestro ser en cada acto de adoración. 7:29
Embelleced vuestro aspecto para la adoración. 7:31
Sé constante en tu oración, desde que el sol rebasa su cenit hasta la caída de la noche, y presta especial atención a su recitación al alba; pues, ciertamente, la recitación al alba es presenciada por todo cuanto es sagrado. 17:78
Y levántate en la noche, y pasa una parte de ella en oración, como ofrenda voluntaria tuya; puede que tu Sustentador te eleve a una estación de gloria. 17:79
No alces excesivamente tu voz en la oración, ni la silencies del todo, sino busca un camino medio. 17:110
Y así caen sobre sus rostros, llorando, y su consciencia de la Gracia de Dios aumenta su humildad. 17:109
No es voluntad de Dios desvelaros lo que está fuera del alcance de la percepción humana, sino que para eso elige Dios de entre Sus enviados a quien Él quiere. 3:179
Y quien abandone el ámbito del mal por la causa de Dios, hallará en la tierra muchos caminos de soledad, pero también abundante vida. 4:100
… pero estad siempre prevenidos contra el peligro. 4:102
¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! No os burléis unos de otros: puede que esos (de quienes os burláis) sean mejores… Y no os difaméis unos a otros, ni os insultéis con motes ofensivos, mala es toda imputación de iniquidad después de haber alcanzado la fe… 49:11
¡Oh! vosotros que habéis llegado a creer!. Evitad la mayoría de las conjeturas sobre otra gente…, y no os espiéis los unos a los otros, ni murmuréis unos de otros. 49:12
¡Hay de todo aquél que difama, que critica!. 104:1
¡Hay de aquél que amasa riqueza y la considera como salvaguardia, creyendo que su riqueza le hará vivir eternamente!. 104:2
Si una persona malvada viene a vosotros con una información deshonrosa, usad vuestro discernimiento, no sea que causéis daño a una gente por ignorancia… 49:6
A Dios no le agrada que se mencione un mal públicamente, excepto por aquél que sufre la injusticia. 4:148
No obstante perdonad y sed tolerantes, hasta que Dios haga manifiesta Su voluntad. 2:109
Dios se ha prescrito a Sí Mismo la ley de la Misericordia. 6:12 y 6:54
No existe poder capaz de alterar Sus promesas. 6:115
Y así ocurre: Si hacemos que (el ser humano) pruebe el bienestar y la abundancia después de haberse visto afligido por la adversidad, dice: “La aflicción se ha apartado de mí (gracias a mí)”. Pues ciertamente, es dado a la exultación vana y se jacta sólo de sí mismo. 11:10
El ser humano jamás se cansa de pedir lo que le gusta, y si le llega lo que no le gusta pierde la esperanza, y cae en la desesperación. 41:49
Cuando la desgracia aflige a la persona, invoca nuestra ayuda; pero cuando le concedemos un favor de Nuestra Gracia, dice para sí: ¡Esto me ha sido dado gracias a la sabiduría que poseo!. ¡No!, esta concesión de gracia es una prueba, pero la mayoría no lo entienden. 39:49
Y, así mismo, cuando concedemos Nuestras Bendiciones al ser humano tiende a apartarse de Nuestro recuerdo; ¡pero tan pronto como le alcanza el infortunio, se deshace en súplicas!. 41:51
Y, ciertamente, con cada dificultad viene la facilidad; ¡realmente, con cada dificultad viene la facilidad!. 94:5… 
Dios no exige a nadie más de lo que le ha dado, y tras la dificultad, Dios dará la facilidad. 65:7
Y no camines por la tierra con arrogante presunción, pues, ¡ciertamente, nunca podrás hender la tierra, ni crecer tan alto como las montañas!. 17:37
No hemos hecho descender este Corán sobre ti para hacerte infeliz, sino como exhortación. 20:1
Dios es quien ha hecho de la tierra un lugar de descanso para vosotros… 40:64
¿Quién ha de prohibir la belleza que Dios ha creado para sus criaturas, y las cosas buenas de que os ha proveído?. 7:32
Comed y bebed con libertad, pero no derrochéis. 7:31
Y recordad que lo que ahora se os da es sólo para el disfrute pasajero de esta vida. 42:36
¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! No dejéis que vuestros bienes o vuestros hijos os distraigan del recuerdo de Dios… 63:9
¡Sabed Oh gentes!, que esta vida es sólo juego y distracción, y un hermoso espectáculo, y motivo para vuestra jactanciosa rivalidad unos con otros, y vuestro afán por más riquezas e hijos…, pues esta vida no es más que el disfrute pasajero de un engaño. 57:20
¡Recordad esto!, para que no desesperéis por lo bueno que se os ha escapado, ni os alegréis en exceso por lo bueno que os ha llegado… 57:23
Y sabed que no Hemos creado los cielos y la tierra, y lo que entre ellos hay, por mero pasatiempo; pues si hubiéramos querido buscar distracción, la habríamos hallado en Nosotros mismos, si esa hubiera sido Nuestra voluntad. 21:16-17
… Dios ha creado los cielos y la tierra conforme a una verdad; pues, ciertamente, en esta misma creación hay en verdad un mensaje para todos los que creen en Él. 29:44
¿No ven, acaso, los que se empeñan en negar La Verdad que los cielos y la tierra formaban una sola masa, que luego fragmentamos?, ¿Y que Hemos hecho a partir del agua todas las cosas vivas?, ¿No van pues, a empezar a creer?. 21:30
Y Somos Nosotros quienes hemos construido el Universo con Nuestro poder creador; y, realmente, Somos Nosotros quienes lo estamos expandiendo continuamente. 51:47
La potestad de dar permiso de intercesión pertenece por entero a Dios. 39:44
Nadie puede interceder ante Él a menos que Él otorgue Su venia. 10:3
En ese día nadie obtendrá el beneficio de la intercesión, a menos que haya hecho en vida una alianza con el más Misericordioso. 19:87
¿Quién puede interceder ante Él si no es con Su venia?. 2:255
Los que llevan en sí el conocimiento del Trono de la Omnipotencia de Dios, y también todos los que están cerca de Él, proclaman la infinita Gloria y alabanza de su Sustentador, y tienen fe en Él, y piden perdón por todos los demás que han llegado a creer. 40:7
Y ¿qué mejor palabra que la de aquél que llama a las gentes hacia Dios, obra con rectitud, y dice: “En verdad soy de los que se han sometido a Dios”? 41:33
Habrá personas que en vida estarán dotadas de la facultad de discernimiento entre el bien y el mal, y los reconocerán por sus rasgos. 7:46
… después de tomar una decisión pon tu confianza en Dios, pues Dios ama a quienes ponen su confianza en Él. 3:159
Dios dota a aquellos que se benefician de Su Guía de una consciencia cada vez más profunda del Recto Camino. 19:76
Dios nunca modifica las bendiciones con las que ha favorecido a una gente, a menos que estos se cambien a sí mismos. 8:53
Dios no cambia la condición de una gente mientras estos no se cambien a sí mismos.13:11
Pues, tu Sustentador no destruirá jamás a una comunidad sólo por sus errores, mientras se comporten rectamente unos con otros. 11:117

Que la Misericordia Divina, la paciencia y la tolerancia, se establezcan en vuestros corazones, de forma que estéis donde estéis seáis vivos instrumentos de Su Paz. 

                                                                                                            Sidi Sa´îd b. Aÿib





jueves, 1 de febrero de 2018

EL “AMOR POR LO LEJANO” por Julius Evola


En el campo de las reacciones interiores y de aquella disciplina que, con un neologismo, ha sido denominada la etología, se pueden distinguir dos formas fundamentales, marcadas respectivamente con las fórmulas de “amor por lo cercano” y “amor por lo lejano” (que no es otra que la nietzscheana Liebe der Ferne). En el primer caso uno se siente atraído por aquello que se le encuentra cerca, en el segundo en cambio por lo que le resulta lejano. Lo primero tiene que ver con la “democracia”, en el sentido más amplio y sobre todo existencial del término; lo segundo en cambio tiene relación con un tipo humano más alto, rastreable en el mundo de la Tradición.
En el primer caso, a fin de que una persona, un jefe, sea seguido, es necesario que se lo sienta como “uno de los nuestros”. Así pues alguien ha acuñado a tal respecto la feliz expresión de “nuestrismo”. Las relaciones de éste con la “popularidad”, con el “ir hacia el pueblo” o “entre el pueblo”, así como también, consecuentemente, con su insufribilidad hacia todo lo que signifique diferencias cualitativas, resultan sumamente evidentes. Casos recientes y significativos de tal orientación son conocidos por todos nosotros, pudiéndose incluir entre los mismos también a la insípida vocación “viajera” de los mismos Pontífices, allí donde lo normal hubiera sido en cambio alimentar una casi-inaccesibilidad, esa misma por la cual ciertos soberanos aparecieron ante el pueblo como “alturas solitarias”. Hay que subrayar aquí el pathos de las situación, puesto que puede existir una cercanía física que no excluye sino que mantiene la distancia interior.
Se sabe del papel relevante que el “nuestrismo” ha tenido aun en los regímenes totalitarios de ayer y de hoy en día. Son patéticas las escenas, que no se han dejado de resaltar por doquier, de dictadores que se complacen por figurar entre el “pueblo”. Allí donde la base del poder es en gran medida demagógica, ello resulta por lo demás casi una necesidad. El “Gran Compañero” (Stalin) no ha cesado de ser el compañero. Todo esto pertenece a un preciso clima colectivo. Hace ya más de un siglo y medio que Donoso Cortés, filósofo y hombre de Estado español, tuvo ocasión de escribir con amargura que ya no existen soberanos que pretendan presentarse verdaderamente como tales; y que si ellos lo hicieran, quizás casi nadie los seguiría. De modo tal que parece como si se impusiera hoy en día una especie de prostitución, ya puesta en relieve por Weiniger en el mundo de la política. No es azaroso afirmar que si hoy existiesen jefes en un auténtico sentido aristocrático, éstos muchas veces estarían obligados a esconder su naturaleza y a presentarse bajo la vestimenta de agitadores democráticos de masas, si es que pretendiesen ejercer una influencia. El único sector que en parte ha permanecido aun inmune de tal contaminación es el del ejército, aun si ya no es fácil hallar allí el estilo severo e impersonal que caracterizó por ejemplo al prusianismo.
Al “nuestrismo” le corresponde un tipo humano esencialmente plebeyo. El tipo opuesto es aquel al cual se le puede referir la fórmula del “amor por lo lejano”. No la cercanía “humana”, sino la distancia suscita en él un sentimiento que en el fondo lo eleva y, al mismo tiempo, lo impulsa a seguir y a obedecer, en términos sumamente diferentes del otro tipo. Antiguamente se pudo hablar de la magia o de la fascinación de la “superioridad olímpica”. Vibran aquí otras cuerdas del alma. En un dominio diferente, nosotros no podemos por cierto ver un progreso en el pasaje del hombre-dios del mundo clásico (por más símbolo o ideal que fuese) al dios-hombre del judeo-cristianismo, a aquel dios que se hace hombre y funda una religión de fondo humano, con un amor que debería mancomunar a todos los hombres así como hacerlos cercanos el uno con el otro. No equivocadamente Nietzsche denunció en esto a lo opuesto de lo que designó con la palabra vornehm, que se traduce por “distinto” o “aristocrático”.
El cielo nocturno estrellado por encima de sí era exaltado por Kant por su indecible lejanía, y tal sentimiento es probado por muchos seres no vulgares, en manera totalmente natural. Nos encontramos aquí en el límite. Sin embargo un reflejo puede ser resaltado también en planos infinitamente más condicionados. A la distancia “anagógica” (es decir, a la distancia que eleva), se le puede oponer en cambio aquello que se esconde bajo la vestimenta de una cierta humildad. Es de Séneca el dicho de que no existe un orgullo más detestable que el de los humildes. Este dicho deriva de un agudo análisis del fondo de la humildad ostentada por personas que, en el fondo, se complacen consigo mismas, sintiéndose en cambio sumamente insufribles hacia todo lo que es superior a ellas. El sentirse juntas en éstas es natural y remite a lo que hemos dicho más arriba.
Como en muchos otros casos, las consideraciones aquí expuestas son comprendidas con la finalidad de establecer criterios de discriminación, de medida, y se encuentran en verdad en una posición de contracorriente con lo actual.
Respecto  de la manía de popularidad de los grandes, no resistimos a la tentación de referir un episodio personal. Años atrás hicimos llegar uno de nuestros libros a un soberano respetando las normales reglas de etiqueta, es decir, no de manera directa, sino a través de un intermediario. Y bien, nosotros decimos la pura verdad cuando afirmamos haber probado casi un shock al recibir una carta de agradecimiento que comenzaba con las palabra “Querido (!) Evola”, sin que yo hubiese conocido nunca personalmente a tal personaje o le hubiese ni siquiera escrito. Esta “democraticidad” parece estar muy en boga. En cambio hoy en día disgusta aquella persona que aun tiene una sensibilidad por los antiguos valores.
En un dominio sumamente banal se podría recordar como índice de una línea similar, un uso muy difundido en los Estados Unidos, el país más plebeyo de la Tierra. En especial en la nueva generación no se puede intercambiar un par de palabras con alguien sin que éste nos invite a tutearlo y a llamarlo con su nombre de pila, Al, Joe, etc. En contraste con esto podemos recordar a aquellos hijos que trataban de Usted a sus mismos padres y de una cierta persona, a nosotros sumamente cercana, la cual continuaba tratando de Usted a chicas (chicas bien) aun luego de haberse acostado con ellas, mientras que películas, que seguramente reflejan las costumbres del más allá del océano, nos presentan al estereotipo de aquel que, luego de un simple e insípido beso enseguida tutea a la mujer.
(De Il Conciliatore, septiembre de 1972)

domingo, 15 de octubre de 2017

RENÉ GUÉNON: LA DEGENERACIÓN DE LA MONEDA


Al llegar a este punto de nuestra exposición tal vez no sea del todo inútil apartarnos de ella un poco, al menos en apariencia, para dar, de forma harto
somera, algunas indicaciones sobre una cuestión que en principio puede parecer relativa a una cuestión de un género muy particular, pero que consti­tuye un curioso e ilustrativo ejemplo de los resultados que arroja la concepción de la «vida ordinaria» y, al mismo tiempo, una excelente «ilustración» de la forma en que ésta permanece vincu­lada al punto de vista exclusivamente cuantitativo, lo cual la inte­gra de manera muy directa con nuestro tema. La cuestión a la que aludimos es la de la moneda y, a buen seguro, si nos limitamos al simple enfoque «económico», tal como se entiende dicho término en la actualidad, bien podría parecer que se trata de una cosa que pertenece por completo al «reino de la cantidad»; éste es, por otra parte, el título por el cual desempeña en la sociedad moderna el papel predominante de todos conocido y sobre el cual sería a todas luces superfluo insistir. Sin embargo, la verdad es que el propio punto de vista «económico», así como la concepción ex­clusivamente cuantitativa de la moneda que le es consubstancial, no son sino el producto de un proceso degenerativo bastante re­ciente, cuando en realidad la moneda tuvo en sus orígenes y ha conservado durante mucho tiempo un carácter completamente diferente y un valor estrictamente cualitativo, por muy asombroso que ello pueda parecer a la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos.

Hay una observación que es muy fácil de hacer y para la cual basta con tener «ojos para ver»: las monedas antiguas están literalmente cubiertas de símbolos tradicionales, escogidos incluso entre aquellos que presentan un significado especialmente pro­fundo.Así ha podido comprobarse sobre todo que, entre los Cel­tas, los símbolos que figuran en las monedas no pueden explicarse más que si se ponen en relación con los conocimientos doctri­nales propios de los Druidas, lo que por añadidura implica una intervención directa de éstos en el campo de la acuñación. Na­turalmente cuanto es cierto en este aspecto para los Celtas con­serva su validez al ser referido a otros pueblos de la Antigüe­dad, habida cuenta, como es lógico, de sus propias modalidades y de sus respectivas organizaciones tradicionales. Ello concuerda muy exactamente con la inexistencia de un punto de vista pro­fano en las civilizaciones estrictamente tradicionales: allí donde existía, la moneda no podía ser esa cosa profana en la que se ha convertido posteriormente; y si lo hubiese sido, ¿cómo podría explicarse la intervención de una autoridad espiritual, que evidentemente nada hubiese tenido que ver con ella, cómo podría interpretarse el hecho de que diversas tradiciones se refieran a la moneda como algo realmente cargado de una «influencia espiri­tual» cuya acción podía ejercerse efectivamente por medio de los símbolos que constituían su «soporte» normal? Añadamos que, hasta tiempos muy recientes, todavía podía encontrarse un último vestigio de esta noción en unos lemas de carácter reli­gioso que ciertamente carecían ya de todo valor símbólico propia­mente dicho, pero que eran al menos un recordatorio de la idea tradicional más o menos incomprendida a la sazón; no obstante, tras haber sido relegados, en algunos países, al «canto» de las monedas, incluso estos lemas han llegado a desaparecer por com­pleto por carecer de toda razón de ser dado que la moneda no representaba ya más que un signo de carácter meramente «mate­rial» y cuantitativo.

El control ejercido por la autoridad espiritual sobre la moneda, sea cual fuere la forma que adoptaba, no es tampoco un hecho limitado a la Antigüedad y, sin salir del mundo occidental, hay indicios que demuestran que este con­trol debió subsistir en él hasta el final de la Edad Media, es decir, durante todo el tiempo en que este mundo conservó una civilización tradicional. En efecto, resultaría inexplicable de otro modo que, en esa época, ciertos soberanos hayan sido acusados de haber «alterado las monedas»; si sus contemporáneos lo con­sideraron como un crimen, será preciso deducir de ello que no tenían libre disposición del cuño de la moneda y que, al alterarlo por propia iniciativa, se excedían en el ejercicio de los derechos que se reconocían al poder temporal (1). En cual­quier otro caso, una acusación así habría carecido obviamente de todo sentido; por otra parte el cuño de la moneda se habría limi­tado a tener una importancia completamente convencional y, en definitiva, poco habría importado el hecho de que estuviese com­puesta por un metal cualquiera, variable según los casos, o incluso que fuera sustituida por un simple papel como suele ocurrir en nuestros días, pues ello no habría impedido que se pudiese seguir haciendo exactamente el mismo uso «material» de ella. Por con­siguiente, era necesario que allí hubiese algo de otro orden, de un orden superior podríamos decir, pues sólo esto podría explicar la excepcional gravedad que tal alteración solía revestir llegando incluso a comprometer la propia estabilidad del poder real, dado que, al actuar de esta forma, este último usurpaba las prerroga­tivas de la autoridad espiritual que era en definitiva la única fuente auténtica de la legitimidad; así, pues, estos hechos que los historiadores profanos no llegan a entender, nos indican con gran claridad los aspectos, completamente ignorados por los modernos, de la moneda. en la Edad Media y en la Antigúedad.

Con esta cuestión ha ocurrido pues lo que en general con todas las cosas que, por un concepto u otro desempeñan un papel en la existencia humana: poco a poco estas cosas han ido despojándose de todo carácter «sagrado» o tradicional y, de está forma, la propia existencia en cuestión ha pasado a ser completamente profana y por último se ha visto reducida a la baja mediocridad de la «vida ordinaria» tal y como se presenta en la actualidad. Al mismo tiempo, el ejemplo de la moneda demuestra perfectamente que esta «profanización», si se nos permite utilizar tal neologismo, se lleva a cabo principalmente mediante la reduc­ción de todas las cosas a su mero aspecto cuantitativo; de hecho, se ha alcanzado el punto en el que ni siquiera podría imaginarse que la moneda fuese otra cosa que la representación de una can­tidad pura y simple; mas, si bien nuestro ejemplo parece suficientemente claro a este respecto, por el hecho de haber sido llevado hasta la mayor exageración, asimismo dista mucho de ser el único en que tal reducción parezca contribuir a encerrar la existencia en el limitado horizonte del punto de vista profano. Cuanto hemos dicho del carácter cuantitativo por excelencia que posee la industria moderna y todo lo que se refiere a ella, per­mite comprenderlo suficientemente: al rodear constantemente al hombre con productos de esta industria y al no permitirle, digámoslo así, ver otra cosa (salvo, como ocurre en los museos, a título de simples «curiosidades» sin ninguna relación con las circunstancias «reales» de su vida ni, por consiguiente, influencia alguna sobre ella), queda verdaderamente obligado a encerrarse en el estrecho círculo de la «vida ordinaria» como si de una prisión se tratase y ésta careciese de salida. Por el contrario, en una civilización tradicional, cada objeto, al mismo tiempo que era perfectamente adecuado al uso al que se le destinase de manera inmediata, estaba hecho de tal forma que, en cada mo­mento y por el hecho mismo de ser utilizado (en lugar de ser tratado hasta cierto punto como una cosa muerta como suelen hacer los modernos en lo referente a lo que consideran «obras de arte»»), podía servir de «soporte» a la meditación enlazando así al individuo con algo diferente de la simple modalidad cor­pórea y ayudando a cada cual a elevarse a un estado superior en la medida de sus capacidades(2): ¡Qué abismo entre ambas con­cepciones de la existencia humana!
Tal degeneración cualitativa de todas las cosas está, por otra parte, íntimamente vinculada con la de la moneda, como lo de­muestra el hecho de haberse llegado a «estimar» corrientemente a los objetos en base únicamente a su precio considerado únicamen­te éste como una «cifra», una «suma» o una cantidad numérica de moneda; de hecho, para la mayoría de nuestros contemporá­neos, el juicio que se emite acerca de un objeto suele basarse casi exclusivamente sobre lo que cuesta. Hemos apostillado la palabra «estimar» por existir en ella un doble sentido cualitativo y cuantitativo; en la actualidad se ha perdido de vista el primer sentido o, lo que es lo mismo, se ha encontrado una forma de re­ducirlo al segundo, así suele ocurrir que no sólo se «estima» un objeto según su precio, sino también a un hombre por su riqueza (3). Algo idéntico ha ocurrido, muy naturalmente, con la palabra «valor» y, apuntémoslo de pasada, en ello se basa el curioso error de algunos filósofos de nuestros días que han llegado incluso a inventar la expresión «filosofía de los valores» con el fin de ca­racterizar sus respectivas teorías yaciendo en el fondo de su pensamiento la idea de que todas las cosas, sea cual fuere el orden al que pertenezcan, son susceptibles de una concepción cuantita­tiva y de una expresión numérica; así, el «moralismo», que por otra parte constituye su preocupación dominante, se ve asociado con ello de manera directa al enfoque cuantitativo (4). Tales ejemplos demuestran asimismo que se produce una auténtica degene­ración del lenguaje, que acompaña o sigue indefectiblemente a la de otras cosas; en efecto: en un mundo en el qué se trata de reducirlo todo a la cantidad, es evidentemente necesario utilizar un lenguaje que sólo pueda evocar ideas puramente cuantitativas.

Para volver más especialmente a la cuestión de la moneda, to­davía debemos añadir que, a este respecto, se ha producido un fenómeno bastante digno de consideración: se trata de la dismi­nución continua, a partir del momento en que la moneda ha per­dido su respaldo de un orden superior, de su propio valor cuan­titativo, es decir, de lo que la jerga de los economistas denomina su «poder adquisitivo», y ello hasta poderse concebir que en un límite que cada vez se aproxima más, habrá perdido toda razón de ser, incluso aquella sencillamente «práctica» o «material», que habrá de desaparecer tanto de ella misma como de la propia existencia humana. Habrá que convenir que se produce con ello un extraño retorno, fácilmente comprensible si se atiende a nues­tras anteriores explicaciones: al estar en rigor la cantidad pura por debajo de toda existencia, cuando como en el caso de la mo­neda se lleva la reducción hasta sus más extremas consecuencias (y este caso tal vez sea el más alarmante por alcanzarse práctica­mente el limite de él), no se puede llegar sino a una verdadera disolución. Esto puede ya servirnos para demostrar que, como ya hemos dicho más arriba, la seguridad que ofrece la «vida ordinaria» es en realidad algo considerablemente precario y también vere­mos posteriormente que lo es en muchos otros aspectos; no obs­tante, en definitiva, la conclusión que se deduce será siempre la misma: la verdadera meta de la tendencia que arrastra a hombres y cosas hacia la cantidad pura sólo puede ser la disolución final del mundo actual.------------------------------------------------------------
(1). Véase a este respecto Autorité spirituelle et pouvoir temporel, p. 111, en donde nos hemos referido de manera más específica al caso de Felipe el Hermoso, sugiriendo la posibilidad de una relación bastante intensa entre la destrucción de la Orden del Temple y la alteración de las monedas, rela­ción que podría comprenderse fácilmente si se admitiese, o al menos se considerase muy verosímil, que la Orden del Temple tenía entonces, entre otras funciones, la de ejercer un control espiritual en este terreno; no insistiremos, pues, sobre ello, mas recordemos que es precisamente éste el momento en el que hemos creído poder localizar los inicios de la desviación moderna propiamente dicha.

(2). A este respecto pueden consultarse numerosos estudios de A. K. Coomaraswamy, que ha desarrollado e «ilustrado» el tema abundantemente bajo todos sus aspectos y con todas las precisiones necesarias.

(3). Los americanos han avanzado tanto en esta dirección que es de uso corriente decir que un hombre «vale» tal cantidad, queriendo indicar con ello la cifra a la que se eleva su fortuna; también, en lugar de decir que un hombre tiene éxito en sus negocios, suelen afirmar de él que «es un éxito», con lo cual obviamente se identifica por completo al individuo con sus beneficios materiales.

(4). Tal asociación, por otra parte, no es enteramente original por remontarse de hecho hasta la «aritmética moral» de Bentham, que data de las pos­trimerías del siglo XVIII.

(Capítulo XVI de El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos